Dos cámaras con los mismos metros pueden funcionar —y gastar— de forma muy distinta según cómo estén resueltas sus piezas. Esta guía repasa las que más pesan y qué conviene preguntar de cada una. Para el precio, cada una es una partida: lo explicamos en qué mueve el precio de una cámara.
El panel sándwich
Paredes y techo se hacen con panel sándwich: dos chapas con un núcleo aislante en medio. Lo que decide es el grosor del aislamiento, que depende de la temperatura de trabajo: una cámara de congelación necesita bastante más que una de refrigeración. Los puntos débiles son las juntas entre paneles —si no se sellan bien, entra humedad y se forma hielo— y los golpes de carretillas, que dañan la chapa. Pregunta qué grosor proponen y por qué, y cómo se rematan las juntas y los encuentros con el suelo y el techo de la nave.
Las puertas
- Pivotantes: para poco tráfico, con apertura manual.
- Correderas: ahorran espacio delante de la cámara y son las habituales con transpalés y carretillas.
- Rápidas: para muelles y pasos con tráfico continuo, donde cada segundo abierta es calor y humedad que entran.
La medida la decide lo que tiene que pasar —una persona con un carro, un transpalé, una carretilla con carga— y no hay una estándar. En congelación, el marco lleva resistencia para que la puerta no se quede pegada por el hielo. Y todas tienen que poder abrirse a mano desde dentro sin llave: lo exige la instrucción IF-11 del reglamento de instalaciones frigoríficas.
El suelo
En refrigeración, a veces basta con la solera de la nave si está en buen estado y se aíslan bien los encuentros. En congelación, el suelo tiene que ir aislado y, casi siempre, con un sistema que evite que el terreno de debajo se hiele y levante la solera con los años. Si van a entrar carretillas, el suelo tiene que aguantar su peso a la temperatura de trabajo.
El evaporador
Es el intercambiador que va dentro de la cámara, con sus ventiladores: ahí el refrigerante absorbe el calor. Se elige por potencia, por el alcance del aire y por el producto: en cámaras de fruta o de maduración, un aire demasiado fuerte reseca. Necesita desescarche para quitarle el hielo que se forma, y su posición decide cómo se reparte el frío: nada apilado delante.
El condensador, la unidad condensadora o la central
Fuera de la cámara va lo que expulsa el calor: una unidad condensadora por cámara (compresor y condensador juntos) o una central que da frío a varias. El condensador puede ser por aire, por agua o evaporativo. La elección afecta al consumo, al ruido, al espacio y al refrigerante: el reglamento europeo de gases fluorados limita los de PCG alto en aparatos nuevos y, desde 2022, las centrales multicompresor compactas de uso comercial de 40 kW o más no pueden llevar gases fluorados de PCG igual o superior a 150 (con una excepción para el circuito primario de los sistemas en cascada). Por eso muchas centrales nuevas trabajan con CO₂, amoniaco o propano.
Control, registro y alarmas
El cuadro de control mantiene la temperatura, gestiona los desescarches y avisa si algo falla. El registro de temperatura es lo que demuestra ante una inspección sanitaria que la cadena de frío no se rompió, y una alarma que avisa de noche puede salvar una cámara llena. Pregunta cómo se consultan los datos y a quién avisa la alarma.
Las estanterías
Las mismas familias que en un almacén convencional —convencionales, compactas, móviles—, adaptadas al frío. En congelación cada metro cúbico enfriado cuesta, así que se busca aprovechar el volumen; pero sin tapar el evaporador ni pegar la carga a las paredes, porque el aire tiene que circular. Deciden también el ancho de pasillo que necesitan las carretillas.
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