De qué hablamos
Cuando se busca el precio de una cámara frigorífica, lo primero que sale son tiendas de cámaras modulares: cajas de panel de medidas estándar, pensadas para un bar, una carnicería o una tienda, con un equipo compacto encima. Tienen precio de catálogo porque son un producto.
Una cámara industrial a medida es otra cosa: se diseña para un producto, un volumen de entradas diarias y una temperatura concretos, se monta dentro de una nave o como edificio propio y lleva un equipo de frío calculado para ella. No hay dos iguales, y por eso no hay tarifa: hay presupuesto.
Cuándo se plantea
La pregunta por el precio llega casi siempre en uno de tres momentos: cuando se está haciendo el plan de inversión de una nave o una línea nueva, cuando la cámara actual se ha quedado pequeña y hay que decidir entre ampliar o hacer otra, y cuando la instalación vieja da averías repetidas y se compara repararla con sustituirla.
Qué mueve el precio
- El tamaño interior: los metros de panel de paredes, techo y suelo. Es lo más evidente, pero no lo que más separa un presupuesto de otro.
- La temperatura: una cámara de congelación pide más grosor de aislamiento, suelo preparado para que no se hiele el terreno y puertas con resistencia. No es la misma cámara más fría: es otra cámara.
- La carga térmica: cuántos kilos entran al día y a qué temperatura. Meter producto caliente de un obrador no es lo mismo que guardar producto que ya llega frío, y cambia el tamaño del equipo.
- Las puertas: cuántas, de qué tipo (pivotantes, correderas, rápidas) y cuánto tráfico de carretillas van a tener.
- El equipo de frío: una unidad condensadora por cámara o una central para varias, y con qué refrigerante. Lo decide el frigorista, y pesa tanto en la inversión como en el consumo de los años siguientes.
- El suelo y la obra: si hay que hacer solera aislada, rampas, desagües o reforzar la acometida eléctrica de la nave.
- Control y seguridad: registro de temperatura, alarmas, y lo que el reglamento pide dentro de la cámara (apertura desde el interior, hacha si trabaja bajo cero).
- La tramitación: memoria técnica o proyecto, según el nivel de la instalación, y la comunicación a la comunidad autónoma.
Cuánto cuesta
No vas a encontrar aquí una cifra, y es a propósito. Los precios que se ven publicados son de cámaras modulares de catálogo; para una instalación industrial a medida no hay ninguna fuente pública que permita dar un rango honesto, porque dos cámaras con los mismos metros pueden estar muy lejos una de otra según la temperatura, la carga y el equipo. Un número dado sin ver el espacio es un número para captar tu teléfono, no un presupuesto.
El precio de la tuya sale de la visita del frigorista. Para que ese presupuesto sea comparable con otro, pide que venga desglosado por partidas: panel y puertas, suelo, equipo de frío, instalación eléctrica y control, montaje y puesta en servicio, y tramitación.
Cuánto tarda
El montaje del panel es la parte rápida. Lo que alarga el calendario es lo de alrededor: la visita y el cálculo, el plazo de fabricación del panel y del equipo, la obra previa si hay que hacer solera, y la documentación para la puesta en servicio. Por eso conviene pedir presupuesto con margen sobre la fecha en que la necesitas.
Lo que suele complicarse
Lo que más encarece una cámara no suele estar en el presupuesto inicial: es descubrir después que la acometida eléctrica de la nave no da para el equipo, que el suelo no aguanta el paso de carretillas con la cámara a temperatura, o que se calculó el frío para el producto guardado y no para el que entra caliente cada día. Por eso la visita es imprescindible.
Errores que salen caros
- Comparar el total de dos presupuestos sin comparar las partidas. Uno con suelo aislado y otro sin él no son dos precios de lo mismo.
- Dimensionar por los metros y no por la carga. La cámara que no baja de temperatura en verano casi siempre es una cámara bien construida con un equipo calculado a la baja.
- Mirar solo la inversión. El equipo y el refrigerante deciden el consumo y el mantenimiento de los próximos años.
- Olvidar la tramitación. La instalación tiene que comunicarse a la comunidad autónoma para su puesta en servicio, con la documentación que corresponda a su nivel.
Qué te tiene que quedar por escrito
- Presupuesto desglosado por partidas, con el refrigerante y la potencia del equipo.
- Memoria técnica (nivel 1) o proyecto de técnico titulado (nivel 2) de la instalación ejecutada.
- Certificado de la instalación y manual de instrucciones de uso.
Qué dice la normativa
La instalación la tiene que ejecutar una empresa frigorista habilitada según el Reglamento de seguridad para instalaciones frigoríficas (Real Decreto 552/2019), y el nivel de la instalación decide qué documentación hace falta: memoria técnica en las de nivel 1 y proyecto firmado por técnico titulado en las de nivel 2. Lo explicamos en la guía del reglamento de instalaciones frigoríficas.
Situaciones habituales
Casos típicos: una cooperativa que necesita una segunda cámara para la campaña, una industria que monta una línea nueva y quiere el frío dentro del mismo proyecto, y un almacén que compara reparar su instalación antigua con sustituirla entera.